Editando facsímiles digitales. Problemas y oportunidades
ALFONSO MOREIRA
Resumen
Faximil inicia sus actividades enfrentándose con la tarea de la digitalización de obras pertenecientes al fondo antiguo. Superados los problemas tecnológicos del proceso, surge la problemática relacionada con el contenido de la obra en sí, de un calado mucho mayor que la puramente tecnológica. Finalmente se cierra el círculo al existir una demanda emergente relacionada con la edición en papel de los contenidos de los discos compactos.
Sobre la necesidad de las editoriales digitales
Faximil publica libro antiguo, revistas, bases de datos, manuscritos y material impreso en general en forma de discos compactos utilizando para ello formatos digitales avanzados. A través de la firma de convenios de colaboración con bibliotecas, universidades y coleccionistas particulares, Faximil busca hacer accesible a estudiantes, profesores y bibliófilos, material procedente del amplio patrimonio bibliográfico existente en nuestro país.
Tales eran las intenciones de nuestra entidad en su constitución y durante su corta singladura -ha pasado escasamente un año desde su creación- nos hemos visto obligados a defender nuestro punto de vista ante el confuso panorama de la edición digital en nuestro país. La cuestión fundamental radica en si es posible y/o necesario el surgimiento de iniciativas editoriales de carácter comercial en un mercado dominado por las iniciativas institucionales que amenazan con recortar el terreno a propuestas dirigidas al comercio editorial.
Como punto de partida podemos mostramos de acuerdo con algunos autores (Martín Quetglas, 2001) sobre el hecho de que las tecnologías de la información y comunicación han llegado a un grado de maduración, entendiendo como tal el hecho de que el ritmo de la estricta industralización de productos supere, o al menos iguale, al de la aparición de nuevos resultados que acabarán abocando a productos profundamente innovadores. Si a dicha afirmación le añadimos la innegable hegemonía americana en el área -aportaciones europeas como Linux han sido absorbidas por la industria norteamericana- parece que sólo una decidida reacción por nuestra parte a la hora de ofrecer productos concretos derivados de las innovaciones tecnológicas puede nivelar la balanza en nuestra dirección.
Aplicando este razonamiento a los procesos de digitalización el problema radicaría en que solamente desde nuestra torpeza e incompetencia se puede entender que editoriales norteamericanas estén ofreciendo ediciones digitales provenientes de las bibliotecas europeas. Claro que el panorama nacional no facilita precisamente el camino a aquellos que estamos embarcados en dicho proceso. Desde las diferentes instituciones bibliotecarias y/o universitarias hemos asistido en el último quinquenio a una proliferación desmedida de iniciativas calificadas por sus creadores como bibliotecas digitales. Este hecho ha producido resultados tan concretos como que en la actualidad podamos acceder a tres versiones electrónicas diferentes de una obra como el Tirant Lo Blanch de Joanot Martorell, sin duda capital para la historia de la literatura en lengua catalana pero cuya duplicación introduce algunas dudas sobre la gestión de los recursos por parte de los responsables de dichas iniciativas.
La experiencia reciente nos dicta que, para tranquilidad de grupos mediáticos e industria cultural, los nuevos formatos van a terminar conviviendo con los antiguos. Por consiguiente se puede entrar en una época de convivencia más que de competencia, a pesar de que ciertos productos o prácticas como las enciclopedias o la enseñanza tradicional hayan pasado ya a la historia. En el ámbito bibliotecario esta característica se ha concretado con la aparición del concepto de biblioteca híbrida (Saorín Pérez, 2001) o la convivencia en armonía de los diversos medios actuando con criterios de complementariedad, con el objetivo último de abordar la modernización del servicio bibliotecario. La pervivencia de iniciativas puras de bibliotecas digitales parece lastrado por la falta de un soporte financiero claro y a medio plazo la biblioteca tradicional irá copando el territorio de la digitalización.
Porque si algo hemos aprendido durante los años anteriores, es que el proceso de digitalización de los materiales es lento y, sobre todo, caro (Kuny y Cleveland, 2001). Las labores incluidas en el proceso de edición digital, al igual que la edición tradicional, necesitan de profesionales competentes con unas aptitudes personales y una paciencia monacal más propia de tiempos anteriores que de nuestros apresurados días. El criterio editorial de cara a la selección de recursos, la conservación de los formatos o los derechos de autor de las obras a digitalizar son algunos de los aspectos que nos acercan a la edición tradicional y nos alejan del ámbito puramente tecnológico. El apartado de los costes viene lastrado por uno de los mitos más difundidos en nuestra sociedad - ¿de la información? -: la información es gratuita. La información nunca ha sido realmente gratuita. Existe siempre un coste asociado a su creación, producción y diseminación. Incluso en el caso de las bibliotecas públicas el coste permanece oculto al usuario, pero es asumido por todos nosotros en forma de impuestos.
Si le concedemos credibilidad a esta afirmación, el problema se reduce a decidir quién debe de correr con los gastos del proceso de digitalización. Desde nuestro punto de vista -comercial e interesado, evidentemente- los gastos debe asumirlos el particular o la institución interesada en la lectura, consulta o uso general de la obra en cuestión, al igual que ocurre en la industria editorial tradicional. La alternativa a esta solución vendría siendo la del cargo al presupuesto público de la institución pertinente. Esta tentación cuenta con numerosos antecedentes históricos, pero tiene el problema de tratase de una carga añadida a las ya maltrechos presupuestos de universidades e instituciones públicas en general.
Desde Faximil Ediciones Digitales creemos que la edición digital del inmenso patrimonio bibliográfico residente en las bibliotecas de nuestro país puede constituirse un pujante sector editorial y en un aporte económico para dichas instituciones. El trabajo conjunto de editoriales e instituciones propietarias de los fondos puede concede pingües beneficios a ambas partes y rescatar del olvido algunas de las más importantes obras pertenecientes a nuestra cultura.
Comenzando a digitalizar. El fondo y la forma
Faximil quiere presentar ediciones digitales que transmitan las mismas sensaciones al lector que los materiales originales. Para ello, se fotografía cada página mediante cámara digital o escáner.
El resultado es la consulta mediante ordenador con una calidad y unas prestaciones similares a la obtenidas por la lectura de la obra original. La fiabilidad y respeto a la obra es nuestra guía de trabajo en tanto el proceso de digitalización supone el descubrimiento de la misma por parte de un público alejado de los círculos de especialistas del sector.
Para conseguir este utópico objetivo, faximil utiliza los medios existentes en el mercado. El proceso de digitalización propiamente dicho se encuentra técnicamente solucionado desde hace ya unos años y uno solamente debe de elegir las herramientas más apropiadas para llevar a cabo la tarea. Partiendo de los tutoriales señalados en la bibliografía, realizamos la captura de la obra adaptándonos a las especiales características de la misma. La fotografía digital a gran resolución es considerada como original y almacenada como tal. Una vez decidido el plan editorial de la obra -versiones en color, blanco y negro, estudio introductorio, CD simple o doble- se procede al tratamiento de los originales: reconocimiento de caracteres, limpieza de los originales, marcado, etc. El formato de presentación nos va a ofrecer un límite a nuestras intenciones de calidad de la imagen, por ejemplo un disco compacto solamente nos ofrece 650 MB de almacenamiento.
Conseguir una edición facsímil fiable en soporte digital nos obligó a reconocer los formatos existentes en el mercado. Finalmente el formato pdf -portable file document- en su versión de imagen y texto flotante fue el elegido por nuestro servicio técnico. Se trata de un formato propiedad de Adobe, empresa pionera en el ámbito de las nuevas tecnologías a la que debemos los usuarios avances tan espectaculares como el lenguaje postscript que nos ha permitido la aparición de la autoedición abandonando las impresoras de puntos. El pdf fue creado por Adobe como formato de preimpresión para simplificar el engorroso trámite de entrega en imprenta que muchos hemos padecido. Su adaptación a la red ha sido ejemplar y en la actualidad cuenta con varias comunidades de usuarios dedicadas a su difusión y avances (ver direcciones en bibliografía), así como una amplia gama de empresas paralelas que ofrecen añadidos al programa e incluso resolución de problemas concretos a entidades como la nuestra.
Los avances en el apartado de sistemas de seguridad del formato son igualmente remarcables aunque la aparición de la versión 5.0 del programa Adobe Acrobat ha supuesto un claro retroceso con respecto a la versión anterior desde nuestro punto de vista. Sin embargo, nuestra adhesión a dicha tecnología es interesada. Novedades recientes como el formato djv -léase déjà vu- de la casa Lizardtech ofrece posibilidades de compresión impensables hace solamente un año, al margen de la justicia poética que supone el uso de un formato con tal denominación a las obras del fondo antiguo.
Editando libros digitales
Superados los engorros derivados de la elección de la tecnología, los problemas editoriales son los mismos a los que se enfrenta cualquiera de las casas editoras tradicionales. La elección de diversas líneas editoriales, el empaquetado y acabado final del producto, la comercialización del mismo o la problemática de la simultaniedad de varias obras son algunos de los puntos de coincidencia. Nuestra editorial ha dispuesto tres líneas de trabajo diferenciadas:
1. Libro antiguo. Ediciones facsímiles de obras pertenecientes al patrimonio bibliográfico mundial.
2. Revistas. Ediciones digitales de publicaciones periódicas actuales o pertenecientes a nuestro pasado más recuperable.
3. Obras de consulta. Ediciones electrónicas de atlas, diccionarios, guías, mapas, etc. Se trata de uno de los déficits crónicos de la industria editorial de nuestro país que las posibilidades de la edición digital puede ayudar a contrarrestar.
El apartado referente a la edición de facsímiles de libro antiguo puede servir de ejemplo del proceso editorial de nuestra entidad. El hilo conductor de esta línea es el redescubrimiento del Catálogo de la Biblioteca de Salvà. Vicente Salvá fue una de las figuras capitales de la España del XIX, librero y editor, su compromiso con las ideas liberales lo llevó al exilio y allí desarrollo una carrera comercial de gran calado que le llevó a abrir librerías propias en Londrés y París. Al final de su vida decide su hijo Pedro elaborar el catálogo de su biblioteca particular que contaba con más de 4000 referencias, producto de la ventaja que supone el acercamiento a los libros desde un punto de vista comercial. La biblioteca de Salvà estaba físicamente situada en la ciudad de Valencia y fue rematada por sus herederos (la última persona que tuvo la oportunidad de verla en conjunto fue Menéndez Pelayo, entonces director de la Biblioteca Nacional, días antes de la subasta de la misma). Emprendimos pues bajo el influjo del librero valenciano la tarea de volver a reunir su biblioteca, claro está en soporte digital.
Tras el arduo trabajo editorial relacionado con el Catálogo de Salvá, que aumentó nuestra admiración por el personaje, decidimos continuar en nuestro empeño por con obras que servirán para iluminar nuestro métodos de trabajo y las opciones, problemas y oportunidades que plantean las diversas obras. Se trata respectivamente de la relación de dos viajes llevados a cabo en el paso del siglo XVIII al XIX aunque de muy diferente carácter y resultados.
Las Observaciones del Reyno de Valencia del abate José Cavanilles tienen el privilegio de haber sido objeto de un mayor número de ediciones facsímiles que cualquier otra editada en nuestro país. Es Cavanilles un botánico valenciano que tiene la oportunidad de frecuentar el París ilustrado prerrevolucionario y lleva a cabo a su vuelta una exploración sistemática de las tierras valencianas en forma de comentarios geográficos, botánicos, antropológicos, etc. acompañados por medio centenar de láminas descriptivas del territorio en cuestión. Plantea esta obra el problema de ofrecer diversas versiones de la misma de acuerdo con el uso:
- Estudio introductorio a cargo de Francesc Ferrando del Museu Valencià de la Il.lustració.
- Versión miniaturas en color para obtener una visión global de la obra.
- Versión en color para una copia de gran calidad de la misma.
- Versión en blanco y negro con texto completo para búsquedas e impresión.
- Versión de las ilustraciones en copias de calidad.
Se complementan todas las versiones con índices correspondientes a los originales de las Observaciones y un extenso índice geográfico que permite la localización de los territorios recorridos por el autor.
El Viage (sic) literario a las iglesias de España es una de las obras de mayor importancia en la bibliografía nacional y el desconocimiento de su existencia parece ser total fuera del ámbito de los especialistas en historia moderna. El grosor de su volumen -más de 7000 páginas en 22 tomos- ha contribuido sin duda a la inaccesibilidad de la obra por lo que la aparición de la edición digital supone una nueva oportunidad para los hermanos Villanueva de llegar al gran público. En este caso el problema principal radicaba en compilar los veintidos volúmenes en un solo disco compacto.
El resultado final incluye los siguientes contenidos:
- Estudio introductorio de Emilio Soler Pascual de la Universidad de Alicante.
- Versión en blanco y negro con texto completo donde se puede buscar.
- Índices propios de cada uno de los volúmenes.
El futuro inmediato
Desde Faximil Edicions Digitales observamos el futuro inmediato con un moderado optimismo. Modestos éxitos editoriales como el Viage literario nos conceden la tranquilidad necesaria para afrontar nuevos lanzamientos a corto plazo. La confianza en nuestro criterio editorial es un arma a utilizar en el marco del panorama actual cargado de grandes proyectos digitalizadores carentes de cualquier plan de negocio, pero con un innegable impacto mediático.
La comercialización de los originales de las obras editadas por Faximil ha abierto una vía imprevista en nuestras actividades. Las ilustraciones de Cavanilles, las láminas de Vesalio o determinados tomos de los Villanueva han sido solicitados por diversas entidades de cara a su edición en papel, cerrándose así el círculo editorial.
De cara al próximo otoño nuestras novedades editoriales son las siguientes:
1. Observaciones astronómicas y phisicas en los Reynos del Perú de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (serie Biblioteca de Salvá).
2. Atlas histórico de la ilustración anatómica, desde el renacimiento al siglo XX. Dirigido por José María López Piñero. 500 facsímiles de ilustraciones anatómicas seleccionadas por su importancia científica, artística y técnica.
3. Cuadernos de Ruedo Ibérico. Edición facsímil de la revista editada en París por la Editorial Ruedo Ibérico, dirigida por José Martínez.
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||